Cómo se lee
Entran a los dieciséis y a los veinte se van solos. Lo que decide no es
cuánto rinden hoy —todos rinden poco— sino cuánto les queda:
al que le queda un año hay que subirlo ahora o perderlo.
El que sube entra al plantel con un dorsal libre y a partir de ahí es un
futbolista más: entrena, juega, envejece y lo vienen a comprar.