28 de agosto de 2026
El rival tenía nueve mentalidades y usaba cinco
Un jugador pidió «más variedad en las tácticas». Lo primero fue contar cuántas
hay, y hay muchas: 9 mentalidades, 6 ritmos, 8 salidas. El catálogo
no era el problema — el rival no lo usaba.
El índice de la mentalidad salía de una cuenta que vivía entre 0 y 4. El recorte
decía «hasta la novena», como si abriera las nueve, y el número que entraba nunca
pasaba de 4,5: contragolpe, presión alta, tenencia y a aguantar eran
inalcanzables por aritmética, no por decisión. Con el ritmo pasaba
lo mismo por otro camino: dos tiradas redondeadas daban 0, 1 o 2, así que De toque,
Alto y Frenético no salían nunca.
mentalidades 5 de 9 → 9 de 9
ritmos 3 de 6 → 6 de 6
salidas 8 de 8
No se agregó ninguna táctica: se abrieron las que ya estaban escritas. Y quedó
una regla para la próxima vez que alguien toque esa función — el ritmo se deriva
ahora de los números de la mentalidad y no de su posición en la lista,
porque el contragolpe está anotado quinto y habría salido «rápido» sin serlo.
28 de agosto de 2026
La nota mide lo que decidiste, no cuántas veces tocaste la pelota
Un jugador lo dijo así: «las medias no tienen sentido». Medido sobre 16 partidos
y 424 actuaciones, tenía razón: media 7,32, mediana 7,10, el
18,9 % de las actuaciones terminaba en 8 o más y un hat-trick daba
10,00 clavado.
El defecto no era una constante: era la forma. La nota sumaba sucesos
todos positivos —recuperar, quitar, bloquear, rematar (por rematar,
no por acertar)— y el peor de todos era recibir un pase. Un volante que toca ochenta
pelotas se llevaba más de un punto sin haber hecho nada, y por eso los mediocampistas
promediaban 7,65 contra 7,16 de los centrales.
Los sucesos se partieron en dos, el roce y lo decisivo, con una
sola puerta para cada lado: el que agregue un suceso nuevo tiene que elegir de qué
lado está. Después fue barrer el peso del roce y mirar la escala entera:
peso media mediana ≥8
1,00 7,32 7,10 18,9 %
0,40 6,86 6,72 4,2 %
0,25 6,74 6,63 3,5 % ←
0,20 6,70 6,60 3,1 %
Lo que casi se rompe de paso: el DT de enfrente saca al que baja de 6,1 y da
vuelta el partido por debajo de 5,4, dos números calibrados contra la escala vieja.
Hubo que medirlos antes de dejarlos —el 6,1 pasó del percentil 3 al 4,2— y aguantaron
porque la cola de abajo la gobiernan la amarilla y el penal regalado, que son
decisivos y no se escalaron. La nota perdió techo, no piso.
27 de agosto de 2026
Veinticuatro clubes jugaban sin mercado de salida
El piso de plantel son 18 futbolistas y las ofertas de otros clubes se cortan
justo ahí. Ocho clubes arrancaban por debajo del piso —Chacaritas
con quince— y otros dieciséis arrancaban exactamente en él.
A esos veinticuatro no les llegaba nunca una oferta, y las cuatro
puertas de salida contestaban «no podés bajar de 18». O sea: el sistema entero de
«vienen a comprarte un futbolista» no existía en esas carreras, y ninguna pantalla lo
decía. El reglamento estaba bien; el dato estaba corto.
Ahora los planteles se completan hasta 20, dos por encima del piso, que es el
margen que hace que el mercado exista: se puede vender uno y seguir teniendo mercado.
Lo caro no fue completarlos, fue de dónde salen los que faltan: al
anclarlos al cuartil de abajo del plantel, 26 de los 33 completados se colaban en el
once —en un plantel de dieciséis, el cuartil de abajo es el decimotercero, a dos
puestos de jugar—. El ancla buena es el peor de su propia familia: el cuarto central
de un club es un central, no su peor futbolista. Con ésa, la mayor diferencia de
fuerza en los 1.632 clubes es de 0,034.
27 de agosto de 2026
Sin arquero atajaba un extremo, y el motor no se enteraba
Hay clubes con un solo arquero. No es un agujero de los datos: los planteles son
reales, y hay clubes que en la vida real tienen uno. Hoy son 25 de
1.656; ese día eran 30, y los cinco que faltan son clubes cortos que al
completarse se llevaron un segundo arquero de regalo.
Con ese arquero lesionado o sancionado, el once salía sin nadie de arco. El motor
ya sabía qué hacer con eso desde que existe la roja al arquero: le da los
guantes a uno de campo y le cobra el recargo de atajar sin ser arquero. Lo único que
faltaba era encenderlo — esa función la llamaba nada más que la
expulsión, así que el equipo que empezaba sin arquero no pasaba nunca por
ahí.
Sin la marca, el improvisado atajaba con su corte entero. Medido club por club:
en 26 de los 30 el mejor jugador de campo tenía igual o más corte que su
propio arquero, o sea que perder al arquero te dejaba el arco igual o mejor.
Águilas Doradas: arquero 15, mejor de campo 19.
con él sin él
goles recibidos 1,25 3,17
conversión 29 % 61 %
El arreglo son nueve líneas. Encontrarlo costó 920 temporadas jugadas.
26 de agosto de 2026
Las canteras de cinco países producían argentinos
Suecia, Hungría, Rumania, Chipre e Israel. La nacionalidad de un juvenil sale de
una tabla de códigos de país, y el país que no está en esa tabla no cae en el
respaldo europeo que está escrito unas líneas más abajo: cae en el bombo
argentino, porque el respaldo sólo corre si el bombo del país todavía no
está armado — y el argentino ya está armado desde el primer club sudamericano que
pidió una cantera.
Llevaba así cuatro días, sin un solo error en la consola. Leyendo el
código no se ve: la rama europea está ahí y parece que corre. Se ve
preguntándole al bombo de un club húngaro qué tiene adentro.
el bombo de un club húngaro
antes ARG: 60
hoy HUN: 60 + cola europea
De ahí salió una regla que ya evitó dos repeticiones: un país que entra al
juego entra a esa tabla el mismo día. Se había arreglado la función para los
veinte países que había, y la tabla se olvidó cuando llegaron cinco más.
23 de agosto de 2026
La planilla mentía, no el motor
Para saber si un partido simulado se parece a uno de verdad hay una planilla:
remates, remates al arco, córners, goles, y al lado los promedios reales con los que
se compara. Un día el contador de remates al arco no cerraba, y la reacción
natural fue mover constantes del motor hasta que cerrara.
El contador estaba mal: sumaba también las atajadas de pelotas que se
iban afuera. Contaba de más. El motor estaba mejor de lo que decía su propia
planilla, y tocarlo lo habría roto.
Pasó tres veces en un solo día, con tres contadores distintos. La regla que quedó
escrita en el código, en el lugar exacto donde alguien va a querer mover el número:
antes de calibrar contra una referencia hay que comprobar que la referencia y
el contador midan lo mismo.
19 de agosto de 2026
Ocho clubes te ofrecían la misma cifra
En «Quién lo quiere» —los clubes que vienen a comprarte un futbolista— las ocho
tarjetas decían US$ 31M las ocho. Dos causas encadenadas, y sólo la
primera es un defecto.
La primera: el monto subía con «cuánto te supera ese club», y eso está recortado
en cero por abajo. Dirigiendo a River, los 152 clubes del universo daban cero y
pagaban todos exactamente lo mismo — dos montos distintos en 57
clubes. Ahora el monto sale de la jerarquía del club en la pirámide y de las
ganas que le tenga a ese futbolista: 57 montos distintos.
La segunda no se arregla calibrando nada, y es la parte interesante: la
punta de una lista nunca distingue. Los 8 más altos de 57 caen todos en el
último octavo del rango, y arriba de US$ 10M la cifra se redondea a millones enteros.
Es estadística de orden, no calibración. Se cambió qué ocho se muestran: el
que más pone de cada categoría y los que más ponen del resto. De paso ahora se ve que
lo quieren en Primera, en el Federal y en la C.
Lo que distingue una oferta de la de al lado tampoco era la plata: es la categoría
del club, quién le tapa el puesto ahí y el mejor futbolista que te darían en un canje.
El margen del dinero es angosto a propósito — entre 0,86 y 0,94 de lo que pedís — y no
se puede ensanchar sin que venir a buscarte pague peor que malvenderlo.
Por qué existe esta página
El 4 de septiembre de 2026 alguien preguntó en X si había algún sitio donde se
contaran estas cosas. No lo había: estaban repartidas entre los mensajes de los
commits y unos posteos sueltos. Ahora están acá, y las que vengan también.
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